CHILE. RECABARREN: LA ILUSIÓN BURGUESA Y LA REALIDAD PROLETARIA

(PROYECTO DE CONSTITUCIÓN PARA LA REPÚBLICA FEDERAL SOCIALISTA DE CHILE)

La ilusión burguesa (de la clase en el poder)

La clase política chilena ha proclamado que el Chile tendrá una nueva constitución y entrará a otro modelo. La soberbia típica los ha llevado a auto concebirse como un proceso ejemplar y único en el mundo, al igual que ocurriera durante la transición pactada, a ser imitado.

Sin duda los grandes consorcios de la prensa internacional amplifican y se hacen eco de esta nueva falacia chilena claro está que ambos, tanto la clase política chilena como la prensa internacional, se encuentran bajo las órdenes del mismo patrón que los alimenta: el capital transnacional. Cómo la prensa transnacionalizada capitalista presenta el “proceso chileno” no es novedad.

También esta glorificación tiene otro sentido.

La glorificación de este proceso y con ello la “glorificación de los dirigentes estudiantiles” definiéndola como una nueva generación de la clase política y como su punta de lanza viene a ocultar una realidad mucho más importante y a catapultar a los sectores pequeño-burgueses “ilustrados” como la dirección del proceso de cambio y no a la clase trabajadora. Claro, las banderas que enarbolan esos dirigentes juveniles no tienen que ver con la contradicción principal de Capital y Trabajo sino con los “temas emergentes” que se ven reflejados en la no discriminación, la inclusividad, la tolerancia, que, sin dejar de ser importantes, no son los principales ni fundamentales que de ser resueltos resuelvan la explotación y la miseria de los pueblos y trabajadores.

Dirán que el mundo y las sociedades han cambiado desde el derrumbe de la Unión Soviética y la lucha de clases es una pieza de arqueología y que las ideologías revolucionarias quedaron ancladas en el pasado y de lo que se trata hoy es de imponer la vieja receta de la conciliación de clases y de la revolución desde arriba o desde dentro del mismísimo monstruo del Estado Burgués.

Así de la autodeterminación de los pueblos originarios se entierra dicho concepto y se intenta imponer el de un “Estado plurinacional y multicultural” dentro de los márgenes del capitalismo transnacional. Con ello intentan sepultar la liberación nacional de los pueblos originarios. Las políticas de asimilación no tienen como finalidad, bajo ninguna óptica, combatir y eliminar el colonialismo y el neocolonialismo sino perpetuarlo mediante su maquillaje y hermoseamiento mediante los escaños reservados y limitando la lucha de los pueblos originarios al plano de la justicia cultural sin que por ello se avance al control territorial, a su autonomía y ejercicio real del poder por las comunidades.

Tratarán que en medio del descontento social, ascenso de la lucha de clases, reaparezcan conceptos y prácticas ligadas al control obrero, a los cordones industriales, a la necesidad de abolir la propiedad capitalista reemplazándolo por la incorporación de un 30% de trabajadores en las gerencias de las empresas

De la independencia de clase, de la autonomía social con respecto a los movimientos sociales, ahora avanzarán en la consolidación de la burocracia social y sindical como a la incorporación posible a que los dirigentes sociales a su rango de ministros y a ocupar altos puestos en el aparato del Estado Opresor Patriarcal y Capitalista.

Dirán que la paridad, igualdad de género en el acceso a las esferas del poder, viene a dar un golpe al patriarcado. Pero cabe la pregunta, ¿Qué mujeres tendrán un acceso igualitario a las esferas del poder? No serán precisamente la mujer trabajadora, la mujer pobladora, la mujer de la comunidad indígena, sino que serán las mujeres burguesas o de la pequeña-burguesía que tienen un poder adquisitivo superior a las mujeres trabajadoras, que sus relaciones sociales se desarrollan dentro y desde las esperas del poder siendo parte de la clase política. Es decir, serán las mujeres de la clase dominante, aquellas pertenecientes a los partidos burgueses, reaccionarios y reformistas quienes accedan a las esferas del poder.

Dirán que esta nueva constitución marcará un “cambio cultural” pero ¿Se puede producir un cambio cultural completamente nuevo “revolucionario” manteniendo las mismas bases materiales, la misma forma productiva capitalista, la misma lucha de clases? Quizás si si es que se entiende por “cambio cultural” un cambio superficial no profundo por cuanto la ideología dominante aquella de la clase dominante seguirá estando ahí casi intacta y junto a ella la oligarquía. Pero en ningún momento será un cambio cultural revolucionario ya que este sólo se puede producir de la mano de una revolución socialista.

Esas ilusiones y muchas más contendrá la nueva constitución burguesa-capitalista en Chile. Será una nueva oportunidad como tantas otras antes que la clase dominante ha tenido para revalidar su modelo y perpetuar la sociedad de clases.

La realidad proletaria (de la clase fuera del poder)

Las crisis sucesivas del capitalismo la han pagado siempre la clase proletaria ya sea sufriendo matanzas, represiones y genocidios o mediante las políticas económicas que la clase dominante ha implementado desde el Estado y/o desde la empresa privada. Todo ello con el desarrollo de resistencias heroicas por parte del pueblo y de la clase que junto a ellas dieron la luz las traiciones de los reformistas-vacilantes-oportunistas de siempre. De eso consiste toda la narración de nuestra historia “patria”.

Las constituciones de 1833, 1925, 1980 y la nueva en proceso de redacción fueron todos textos constitucionales que representaron los deseos y programa de la clase dominante para los diferentes períodos en los cuales derechos más o menos, o ninguno, el pueblo y los trabajadores fueron radicalmente excluidos reservándole un papel decorativo-productivo pero carentes de poder. Desde el punto de vista de los animalistas los trabajadores, obreros y campesinos pertenecen a la misma clase trabajadora que un buey que ayuda a acarrear pesadas carretas, o que ayuda a arar la tierra o cualquier otro animal que ayuda en el proceso productivo.

Pero en el caso de los bueyes, caballos, vacas, gallinas, la explotación animal es decorada mediante el reconocimiento de los “derechos de los animales”, en la crianza y producción en “libertad” (gallinas libres), en la penalización al maltrato animal sin que por ello se condene con la misma ferocidad la explotación animal ya que si se hiciera ¿por qué no condenar de la misma forma la explotación humana?

Esta ilusión de mayores cuidados a los animales es lo mismo que sucede con los cuidados a la clase trabajadora mediante el otorgamiento de “mayores” derechos desprovistos del ejercicio del poder. La realidad de la clase trabajadora humana no es muy diferente a la realidad de los animales que son utilizados en la explotación capitalista. La diferencia es que la primera tiene la posibilidad de generar conciencia de clase y la segunda se dirige al matadero sin mayores resistencias que al final es y ha sido el destino de millones de trabajadores que nunca se dieron cuenta de su condición de explotados.

Hoy, la clase trabajadora, esta la del siglo XXI chileno, se encuentra en las mismas condiciones miserables y de explotación que la clase obrera de la época de la pulperías y del apogeo del salitre, o de los obreros del carbón o del campo en comparación a las riquezas que ese trabajo humano-explotado fue capaz de generar, las riquezas que produjo y que les fueron expropiadas y concentradas por la clase dominante de esa época en comparación a la realidad actual de la clase trabajadora y de la clase dominante.

Y ante esta realidad los reformistas vacilantes-oportunistas no han dudado en dar la misma aspirina que antes: una nueva constitución burguesa-capitalista donde el látigo y las cadenas tengan más brillo, menos peso, sean más atractivas pero que cumplan la misma función de mantener atado al ser humano que produce a imagen y semejanza que los animales de carga.

Pero no siempre se impuso el fatalismo histórico.

Recabarren: cuando se quiso romper la ilusión burguesa y transformar la realidad proletaria

En la década del 20 Chile vivía una de las tantas crisis del capitalismo. Se sucedieron levantamientos, explosiones sociales, estallidos, protestas, matanzas, alzamientos de oficiales del ejército, se prometió una asamblea constituyente y al final de cuenta todo eso se traicionó y se impuso una nueva constitución burguesa que reemplazara a la constitución autoritaria de 1833 por una más liberal, la de 1925 (muy parecido a la salida actual).

La clase obrera había avanzado en conciencia y organización para crear en 1912 el primer partido obrero, Partido Obrero Socialista fundado por Luis Emilio Recabarren para que diez años después se transformara en Partido Comunista.

Más allá de todas las luchas impulsadas por Recabarren también desde la Federación Obrera de Chile, Recabarren avanzó en proponer un nuevo texto constitucional pero que naciera desde las luchas y poder obrero y que barriera con el capitalismo. A eso se le llamó “Proyecto de Constitución para la República Federal Socialista de Chile” publicada en 1921.

En el inicio del proyecto constitucional, Recabarren señala:

¿Qué es lo que queremos?

“Queremos vivir bien; eso es todo. La organización industrial capitalista no nos permite poder vivir bien, porquenos obliga a soportar un régimen de esclavitud, dé explotación y de opresión”. Y más adelante señala:

Entonces eso es lo que queremos; organizar la vida industrial a nuestro gusto, quieran o no quieran los capitalistas y gobernantes, para darnos el bienestar que queremos y que necesitamos.

Pedir aumento de salarios y conseguirlos no es obtener el bienestar y la tranquilidad que deseamos, porque sucesivos encarecimientos de la vida vuelven a Para el mal de la miseria y su correspondiente esclavitud o para la «estrechez económica» como dicen ciertas clases, no hay sino un SOLO Y UNICO REMEDIO, que consiste en lo siguiente:

Abolir toda propiedad particular o privada, de la misma manera que una ley anula otra ley, y declarar «propiedad nacional» todo lo que hay dentro del territorio nacional: tierras, fábricas, talleres, comercios, minas, salitre, industrias, medios de transporte, habitaciones, etcétera.

Si las cámaras no quieren hacer esta ley que el pueblo necesita y reclama, porque las cámaras están compuestas de burgueses que viven de la explotación, es entonces el pueblo organizado el que hará esta nueva ley y obligará a todos a observarla, imponiendo su observancia por medio de la dictadura proletaria establecida por la organización.

En el contexto actual de redacción de una nueva constitución para “Chile” este articulado sería imposible de imaginar, sería motivo de escándalo pública, de acuartelamiento de las fuerzas armadas y sería impensable que estos nacieran desde dentro de la Convención Constitucional que por más que se proclame como independiente del poder constituido sigue bajo las orientaciones de las facciones burguesas-capitalistas.

Sin duda, Recabarren pensó este proyecto de constitución que fuera llevado a cabo no desde dentro de los márgenes capitalistas sino como bandera de lucha de la clase obrera que desde fuera y desde su fuerza propia impusiera este nuevo texto como coronación de una revolución y de su toma del poder.

Si hay algo que no tiene esta propuesta es lenguaje inclusivo, fue centrar en los temas emergentes la problemática ni menos establecer falsas contradicciones como Democracia v/s Capitalismo, por el contraria, fue redactado desde la independencia de clase, desde los territorios, desde la importancia del poder obrero, desde los de abajo pero para los de abajo, para los trabajadores.

Esa era la forma, la independencia de clase, que hizo de ese movimiento obrero un movimiento poderoso y con su propia dirección donde la conciliación de clase era algo impensable.

Para seguir leyendo

Luis Emilio Recabarren: Proyecto de Constitución para la República Federal Socialista de Chile (1921)

https://www.marxists.org/espanol/recabarren/1921.htm

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