SOCORRO ROJO NUESTRA AMÉRICA. REINVENTAR EL INTERNACIONALISMO CON MATRIZ COMUNISTA

Reinventar el internacionalismo con las prisioneras revolucionarias y los prisioneros revolucionarios que resisten en las prisiones burguesas es la tarea. 

Es tiempo de reverdecer la solidaridad internacionalista y apelar al enunciado guevarista que proclama aquello de que «la solidaridad es la ternura de los pueblos». Las trabajadoras y los trabajadores del mundo en general, y de nuestra America en particular, nunca hemos dejado de luchar, asumiendo diferentes expresiones de lucha. Si algo no ha logrado el capitalismo es la derrota completa sobre el campo revolucionario. 

No ha podido, ni ha sabido desmentir que la historia transcurre en los términos de la lucha de clases, con momentos de avances unas veces, y otras de reflujo. Como decía Bertolt Brecht en su lucha contra el fascismo: «Nuestras derrotas no quieren decir nada, sólo que somos pocos quienes luchamos contra la barbarie». Esta sabia reflexión resulta muy útil para la época que transitamos y nos permite afirmar que esas derrotas son momentáneas. 

El imperialismo encuentra cada vez más argumentos para imponerse e imperar y apela al recrudecimiento de su violencia. La barbarie capitalista ha tocado el fondo de la sinrazón y por eso vive modernizado y complejizando la represión. El capitalismo actual vive un estancamiento sin precedentes por una crisis de acumulación que socava su misma existencia. Ello no quiere decir que su cultura y su ideología no se hallen insertadas y arraigadas en la conciencia de nuestro pueblo, de nuestra clase, contaminándola. El imperialismo ha agotado su proceso histórico y hoy sólo manifiesta su degradación y brutalidad. 

Las revolucionarias y los revolucionarios somos conscientes de que no bastan sólo las condiciones objetivas como elemento disparador para una lucha emancipatoria, sino que también debe haber unidad y coincidencias con el facto subjetivo. 

Ello porque el capitalismo no se limita sólo a producir mercancías, sino también una subjetividad consumista alienada. Mientras, las y los comunistas  siempre apelamos a construir una subjetividad revolucionaria, a crear una conciencia de clase capaz de asumir los grandes desafíos que plantea la lucha revolucionaria. 

Muchas y muchos de las y los que hemos asumido este mandato imperativo de luchar como un mandato supremo, las y los que hemos dado todo y hemos resistido las más brutales arremetidas represivas que intentaron romper y destruir nuestra conciencia y nuestra praxis revolucionaria. Muchas y muchos de los que hemos resistido a décadas de prisión, sobrellevado las más bestiales formas de violencia terrorista de los Estados Fascistas, todavía nos aferramos -con uñas y dientes- a lo más elevado, lo más hermoso y lo más humano: la lucha revolucionaria. 

Con nuestros cuerpos lacerados pero con el espíritu revolucionario intacto, seguimos alzando en alto las banderas e ideales del comunismo tan necesarios para potenciar la lucha de nuestros pueblos. La historia no ha llegado a su fin. El capitalismo, que está cortando la rama del árbol sobre el cual l humanidad está asentada, va dirigiéndose hacia la barbarie. Ante ello los puños y la conciencia del proletariado internacional no pueden detener la rueda de la historia y aquí nos necesitan dispuestos a poner todo el esfuerzo, voluntad, determinación, audacia, con conciencia política clara y decidida disposición hacia las masas empobrecidas. 

Nuestra tarea es urgente, nuestra tarea es hoy, Y en esta tarea, la prisión política es una contingencia casi inevitable para quienes luchamos con coherencia por la emancipación de la clase trabajadora y por el fin del capitalismo. 

Por esa noble y heroica causa ponemos en juego nuestra vida y nuestra libertad. Por ello la cárcel está siempre presente en el cálculo lógico de probabilidades  y debemos prepararnos orgánicamente para la defensa de todas las presas y todos los presos comunistas, hayan luchado como y en cualquier lugar del mundo donde estos se encuentren. La lucha revolucionaria, siempre en la historia y en el presente, tiene uno de sus escenarios más importantes en las prisiones, verdaderos campos de reclusión forzada para cautivos de la lucha de clases, y donde las comunistas y los comunistas también somos y seremos radicales transformadores de la realidad. 

Por eso camaradas nos tomamos el atrevimiento a hacer un llamado a los y las comunistas  y a las revolucionarias y los revolucionarios del mundo, y de nuestra América en particular, para retomar la hermosa, valiente, audaz y humana tarea del internacionalismo. 

Muchos de nosotras  y nosotros seguimos resistiendo ante el castigo inhumano de la prisión política y la brutal represión porque en ésta lucha de clases las burguesías y los Estados Fascistas referenciados como demócratas no han renunciado en su tarea ideológica de quebrar la voluntad y la moral de las prisioneras y los prisioneros en sus mazmorras. 

El encarcelamiento aleccionador contra las trabajadoras, los trabajadores y los pueblos toma contornos brutales porque no se limita a la destrucción física y moral de las presas y presos por luchar en su encierro, sino también va por sus hijxs. Los claros ejemplos son el asesinato del niño de 12 años Néstor Alcides Oviedo Villalba, la tortura, violación y fusilamiento de las dos niñas argentinas de 11 y 12 años, Lilian Mariana y María Carmen, y la desaparición forzada de Carmen Elizabeth «Lichita» Oviedo Villalba de 14 años, crimen de Estado ejecutado por las fuerzas militares de la FTC (Fuerza de Tarea Conjunta). Estos crimenes fueron cometidos en la era «democrática». Hechos como estos nos demuestra que la lucha emancipatoria de la clase obrera vendrá como resultado de largas y persistentes resistencias revolucionarias integradas al pueblo y como contrapartida la clase dominante ha recurrido y recurre a las más brutales sistemas represivos para mantener su hegemonía como poder. Las revolucionarias y los revolucionarios y organizaciones revolucionarias  deben ser conscientes que la defensa del campo popular y sus militantes comprometidos con sus intereses debe tener una respuesta organizada e internacionalista. Ahora las presas y los presos ya no son liberados al terminar sus condenas y los Estados y órganos de justicia burguesa se las arreglan para imponer verdaderas cadenas perpetuas de facto, aunque no estén contempladas en los códigos penales. 

Ante la complejización y coordinación de la represión de los Estados y de los órganos que deben impartir justicia, en contrapartida y frente a estos atropellos dictatoriales el campo popular organizado -y sobre todo las revolucionarias y los revolucionarios y comunistas- deben hallar las herramientas políticas para implementar la solidaridad internacionalista con sus camaradas encarcelados. Dos prisioneros comunistas tomamos la iniciativa para hacer un llamamiento a la unidad, para trabajar por la solidaridad internacional para como los prisioneros comunistas del mundo y en particular para quienes se hallan resistiendo décadas y largas condenas en las mazmorras de las cárceles de Nuestra América.

Omaar Campoverde, Ecuador. 

Carmen Villalba, Paraguay

Socorro Rojo Nuestra América

Cominisión de Organización Chile, Uruguay y Argentina. 

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